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CUENTOS DEL LITORAL ARGENTINO

Laura Devetach

PARTE 2:
EL CUENTO DE LA MANDIOCA

 
 
 

La paisanada estaba conversando en el almacén. Todos esperaban unas empanadas que freía la almacenera.

De pronto entró Ciclón, el perro del Paí Luchí, todo embarrado. Se acostó en medio de la rueda.
–¡A ver con qué nos viene el Paí ahora! –comentó un paisano mirando al perro.
–Parece que le hizo amasar el barro para el rancho al pobre Ciclón - se rió otro.

En eso entró el Paí, más embarrado que el perro, con barro colorado.
–¿Qué le pasó, chamigo? -preguntó la paisanada.
– Nada – dijo el Paí Luchí sentándose–. Vengo de vender la mandioca. ¡Me salió buenísima este año! Tan grande y gorda que es un lujo.
–Bueno, don, pero ¿y el barro?
–Y nada, que cargué la mandioca en un carro y me iba, me iba, me iba, cuando de pronto se rompió el eje. Tan buena estaba la mandioca que hizo mucho peso.
–¿Y entonces, Paí?
–Y me quedé allá por el campo del Palo Chueco sin un árbol ni una triste rama para poder cambiar el eje. No había nada a nueve leguas a la redonda.
–¿Y cómo llegó hasta aquí, Paí?
–En la carreta, pues. ¿No les dije que vengo de vender la mandioca?
–¿Y el eje del carro?
–Se lo puse.
–¿Y con qué, Paí?
–Con una mandioca. ¿No les dije que habían salido buenas? Las vendí a todas. ¡Hasta la del eje!

Y sacándose el barro de las bombachas batarazas, el Paí tomó un mate amargo y probó las empanadas que freía la almacenera.

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